El legado de un pionero de la hematología
A pocas semanas del 60 aniversario del Instituto de Hematología e Inmunología, el doctor José Carnot Uria, referente de la especialidad en Cuba, compartió sus memorias con una mezcla de nostalgia, admiración y compromiso. Sus palabras trazan un recorrido que es, a la vez, historia viva de la Hematología cubana y testimonio de una vocación forjada al lado de grandes maestros.
Carnot recuerda sus inicios en una época en la que la Hematología era un terreno aún joven y selectivo. Tras realizar el internado en el hospital Calixto García, solicitó la residencia en Hematología. La decisión no fue casual: la influencia del doctor Porfirio Hernández —su tutor de siempre— y del doctor Rodríguez Silva fue determinante. “La Hematología me la estimularon Porfirio y Rodríguez Silva. En aquel tiempo se hablaba mucho de la leucemia y de que quizás podríamos llegar a curarla; aquello se me metió en la cabeza”, confiesa. A ello se sumó el ejemplo del propio Porfirio, a quien considera el primer hematólogo clínico de Cuba.
El Instituto: un semillero de excelencia
Al evocar sus primeros años en el Instituto, Carnot describe un entorno de trabajo intenso y de altísima calidad. Nombres como el doctor Ballester (Dr. José Manuel Ballester Santovenia, vicedirector en ese momento, director desde 1981 hasta el 2014), el doctor Corral (José Fermín Corral Almonte, director y antiguo laboratorista), la doctora Delfina Almagro Vázquez (jefa de Coagulación), el doctor Edgardo Eugenio Espinosa Martínez (sala de adultos), los doctores Gisela Martínez Antuña y Bruno Colombo (Hemoglobinopatías) configuraron un grupo de profesores que marcó época. “Había mucho trabajo, pero de calidad”, resume.
Pese a que las salas estaban ubicadas en el Hospital General Universitario Enrique Cabrera (Nacional) y en el Hospital Pediátrico Universitario William Soler, el Instituto nunca perdió su liderazgo científico. “Siempre fue el lugar de referencia para estudiar los casos”, afirma Carnot, destacando sus aportes en el diagnóstico de hemoglobinopatías, trastornos de la hemoglobina y de la coagulación, área esta última desarrollada por la doctora Delfina Almagro. El hito mayor llegó con el trasplante de células Hematopoyéticas, en el que el Instituto fue pionero en Cuba, abriendo camino para que otros servicios, como el del propio Carnot, siguieran sus pasos.
Del Instituto al Hospital Clínico Quirúrgico “Hermanos Ameijeiras”: una misión compartida
Tras completar su residencia y trabajar un tiempo como especialista en la sala de adultos del Instituto, el doctor Carnot aceptó el reto de trasladarse al hospital “Hermanos Ameijeiras”. Allí se encontró prácticamente solo al frente del servicio de hematología. La ayuda llegó de la mano del doctor Ballester, quien le facilitó un residente, el doctor Cobrel, para apoyarlo en los inicios. Este gesto refleja la colaboración fluida entre ambas instituciones, una relación que Carnot describe como “muy buena” y que se mantuvo también en el ámbito del trasplante.
Aunque al principio dudó por la lejanía, hoy valora positivamente su decisión: “Creo que estoy en un buen lugar, y ahora la misión es tratar de que esto se desarrolle, crear un servicio”.
Una anécdota que marcó su vida
Entre recuerdos, Carnot comparte una anécdota tan curiosa como reveladora. Durante su residencia, fue sorprendido por las técnicas del laboratorio de Hemoglobinas, que buscaban un “control normal” para sus estudios. Tras la extracción, el resultado fue inesperado: él mismo era portador de una Talasemia Heterocigótica. El hallazgo lo llevó a estudiar a su familia, confirmando el diagnóstico en su madre y, más tarde, en una hermana y uno de sus hijos. “Eso no lo sabe nadie”, bromea, recordando cómo un favor de laboratorio se convirtió en un diagnóstico que trascendió generaciones.
Porfirio Hernández: el mentor insuperable
Al hablar del doctor Porfirio Hernández (fallecido el 24 de diciembre de 2024), la voz de Carnot se llena de respeto. “Porfirio es una persona de calidad humana extrema y de altísimo nivel científico; en su momento fue el mejor hematólogo que había en Cuba, el más preparado, con una mentalidad sobre todo científica, de investigación”, afirma. Tal fue su influencia que confiesa: “Lo seguí todo el tiempo por donde iba: siempre andaba detrás de él”.
Presente y futuro de la hematología cubana
Consciente de los desafíos actuales, el doctor Carnot reconoce que la escasez de medicamentos es “un problema serio para las enfermedades hematológicas”. Sin embargo, destaca la capacidad de gestión del Instituto, que sigue siendo considerado el centro de mayor desarrollo hematológico del país, receptor de los casos más complejos del interior del país. Sobre la formación de especialistas, considera que “se necesita un poco más de hematólogos para cubrir todas las necesidades en todas las provincias”.
A pesar de no estar ya en la primera línea de la atención a pacientes con hemopatías malignas complicadas, su compromiso sigue intacto: “Voy a seguir; quiero mantenerme, por lo menos ahora con la consulta, para no desligarme de la Hematología”.
Con la mirada puesta en el 60 aniversario, el doctor José Carnot Uria encarna la continuidad de una escuela que, entre pipetas, microscopios y guardias interminables, forjó la Hematología cubana moderna.
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